viernes, 12 de agosto de 2016

Miel y mermelada.

Para AB.

AB me ha retratado, apenas fue un segundo mientras intentaba obedecerle, dócil, inquieta, incómoda y sin respirar. Resultado de eso: mi cara estampada en un fondo blanco, sin maquillaje, indefensa, regordeta, incorregible. No me gustó, corrí al baño a hacer una pequeña rabieta y salir de control sentada en el inodoro.
Siempre he pensado que no todo de nosotros tiene que gustarnos, que también uno debe repudiar (aunque sea) algunas partes ínfimas para estar cuerdos. Y eso que vi ayer, eso que también era yo pero que desamparé inesperadamente, me lo recordó.
Lo miré como media hora, intenté obligarme a que me agradara, a reconciliarme conmigo e intentar vivir tranquila después de eso, no pude. Después, para poder dormir, desierta, en un encuentro uno a uno con mi retrato incómodo Pero claro que soy yo, esos brazos, las inconfundibles cejas de hace media vida. Si sí soy yo, nomás que no me agrado. Pum. Puñetazo en el estómago a mí misma. Bueno, ¿y qué si no me agrado? ¿Y qué que sea yo? ¿Y qué si me veo en la calle y me digo que no, que está bueno pero que tampoco estoy completamente enamorada de mí? Luego de eso, es muy fácil pensar que es como si prefiriera la mermelada en lugar de la miel.

Me explico: una de tantas visitas al supermercado, AB confesó que en una competencia de prioridades, la miel le gustaba más que la mermelada. Obviamente me alarmé horrible porque como una glotona de primera, no concebía la idea de que en ese triste pasillo, la discordia me hiciera confrontar a mi estimado acompañante. Muy mal, muy mal. Le hablé de los veintidosmilquinientosycachito  aspectos que hacían a la mermelada un producto más importante, creo que no logré convencerle. AB estaba seguro, y yo también, y nos reímos en todo el camino hacia la caja registradora para pagar el relleno del carrito. La cosa es que no importaba cuánto amara la mermelada, ni cuánto AB prefiriera la miel (o cuánto disfrutara llevarme la contraria), no íbamos a dejar de llevarnos bien por eso. No iba a dejar de llevarme bien conmigo, por mucho que me repudiara en esa estampa, tan expuesta, tan caralimpia, tan yo. Uno es lo que es, y punto. Y sí, ese desangelado retrato también me describe y me dibuja despacito en un sitio poco cómodo, nada estable e inseguro. Ese retrato es miel, y lo que yo acicalo y procuro con regularidad, mi cascarita más liviana a la que llamo cuerpo, ese es mermelada.

martes, 5 de julio de 2016

Arreglo personal.

Hoy traigo ese vestido negro que me pone impropia, aún debe guardar el sudor de tu frente, aún huele a cuartos blancos, de dimensiones indefinidas. Aún me tapa la cara si llego a sentir vergüenza ante ti.

Me arreglé el cabello  esperando a que llames y conciertes una cita conmigo para hablar de cosas importantes (de proyectos eternos/ imágenes irrepetibles/ talentos ajenos), reírnos mientras leemos en voz alta para luego perder la cabeza. Cerrarnos en el olor de los cuerpos perfumados, de tu espalda que sabe a un dulce enorme, enredarnos en el sillón, frente a las ventanas sin cortinas, mientras llueve recio como nosotros.

Pensando en verte, hoy usé un labial a juego, para estar con gente que conocemos y charlar con ellos, beber un poco y ponerme inquieta, para que te acerques despacio sin decirme nada y me lleves por un cigarro, bailes conmigo o del otro lado del salón.Quiero que me contemples, que veas cómo se me acercan y reímos todos alto y grotesco, que te comas la complicidad con un sorbito de cerveza. Cuando nos vallamos con la música en las orejas, las manos que aún se mueven con sonidos suaves, con ritmos concretos y redondos.


Traigo las medias de punto ansiosa de encontrarte, y hagas de mí lo que sea prudente.

domingo, 1 de mayo de 2016

Botones de rosa.

A ÉL siempre le gustaron más los botones de rosa que las propias rosas.
Aspiraba en sus manos el dulce aroma de ternura que le dejaban esas terneras  luego de hacerles el amor.
Se hundía en ellas tan ávido, tan hambriento, que aunque no les doblaba la edad sabía bien que ellas terminaban por envejecerlo; y así cada beso, cada celebración, cada dato nuevo, cada ombligo, lo habrían de encanecer y desgastarse hasta dejarlo débil, tan solo.
Yo fui ternera dulce, todavía olían a leche mis cabellos cuando lo conocí. Tan sobrio e importante se paró delante mío y mostró sus pinturas, me dijo que era tanfrescatanhermosa que debía posar para ÉL algún día y así guardarme siempre. Yo tan niña (entonces) acepté de inmediato, luego me dejó postrada en cueros mientras sus acuarelas y su lengua me delineaban cada rinconcito en la memoria.
Un día me pidió que nos casáramos, le dije que no. Puso ojos de loco y no volvió a buscarme, tres semanas después había una tanfrescatanhermosa ahí, en el estudio, posando y oliendo a leche agria, dejando de ser ternera para mirarlo con ojos de vaca, de esas vacas que van al matadero.

Si algo le agradezco fue precisamente que me dejara ser vaca, que me diera los ojos dulces y buenos para dar de mamar a pequeños botones de rosa, que me dejen tirada en la cama, que me dejen cansada como un trapo. 

lunes, 11 de abril de 2016

I want it all, not nothing else.

Desde siempre me ha encantado guardar secretos, pequeños (porque para esconderlos han de ser breves) conjuntos de palabras que se atiborran en un rinconcito del alma porque no queremos que nadie los vea, los repita, los piense. Nadie. Yo me los callo, los disfruto severamente y en silencio, a la luz de la nada. Son gordos a veces o delgaditos como unas manos ligeras, brillantes como los dientes largos y bonitos de aquellas fotos. 
Besos, citas, dulces, gritos (y dulces gritos), dibujos, pieles, cabellos, reflejos, olores y texturas. Todo lo guardo y no es malo, no me atosiga. Usualmente no me persiguen, aunque si me siguen a casa se instalan en las libretas, o se quedan a dormir en mi almohada.
Ya no los sueño. Mis sueños son dulces mientras que mis secretos pican porque ellos vienen de gargantas apretadas, mis secretos pesan porque no importa cuántas veces se quieran ir, siempre terminan acampando en mis orejas. Sonrío cuando se quedan, hay veces que dicen brillar en mis ojos mientras pestañeo, pero me da miedo que se me caigan y los encuentren, así ya no valen ni tres pesos.
Quiero todos, hasta los que no son míos, quiero llenar las bolsas de mis pantalones (si tuviera) para no poder caminar, para que no me dejen moverme y me ahoguen con su peso. Porque podría dejarlos, soltarlos todos, “y digo, podría pero ¿por qué querría hacerlo?”.

miércoles, 6 de abril de 2016

Fancy.

-¿Cómo le hacemos?- Sonreíste.
- Como quieras, no importa.- Te besé despacito en el pómulo. Me abriste la puerta del coche y sonreíste cuando me observaste ahí, estática y con los cachetes rosas.
No soporto mirarte subir las escaleras, aproximarte a las ventanas, mirar cómo te contemplas en el espejo, cómo te detienes y tomas agua. Me desespero, me abrumo, sonrío, me paso las manos por la cara. Te miro de lejos, te sonrío amplio y pendejo, porque no conoces la magnitud de mis palabras, me sonríes jocoso y grandote porque no conozco qué hay adentro; tripas, hígado, la vejiga, ¿un pulmón?
-Te dedico esta canción.- Le subí mucho a tu radio, y coreaba algo soso y ñoño, porque eso le encanta escuchar a las nenas como tú. – No creas que no me acuerdo, se aproxima nuestro aniversario, nena, este año voy a llevarte flores.- No importaba si era cierto, porque no recuerdas que las fechas no son lo tuyo. Me desespero, me abrumo, sonrío, me paso las manos por la cara. Me preguntas qué me pasa ¿te digo? ¿te cuento que me tienes enloquecida? , no encuentro cara para contestarte así que en un semáforo de esos eternos, te tomo de la cara y te beso en la boca. Te dibujo despacito en los labios que eres mi favorita, que eres la más importante, jugueteamos.
–No te asustes, acá te espero.- Dices. Me reconforta que me lo recuerdes, cada que voy por ti a la escuela, los minutos se extienden insoportablemente y siento que te vas a ir con ese profesor que te gusta mucho y me entristece. Ya sé que no lo harás pero de todos modos me inquieta porque no me gusta esperarte, cuando llegas, mi alma descansa en tu cabello. Me desespero, me abrumo, sonrío, me paso las manos por la cara. La tensión crece y juntas recordamos que nos encanta la época de lluvias porque siempre nos guarecemos en tu coche. Esa noche no llueve, pero de todos modos te acompaño a tu casa, nos quitamos los pantalones y nos acostamos a escuchar tu noticiero favorito.
Tonta, te adoro y me quiero caer contigo.


https://www.youtube.com/watch?v=2xHHGC4cSkw

martes, 5 de abril de 2016

sueño.

El otro día soñé con un lago enorme, rodeado de una escenografía de árboles altísimos. Era estático, de agua templada y dulce olor a humedad, yo estaba dentro del lago, retozando en el agua. Con el cabello mojado aunque no tenía cabello, pataleando aunque no tenía piernas, flotando porque no tenía cuerpo. Y sólo tenía brazos porque siendo humo es lo único que se nos tiene permitido ver, nadaba (porque en mi sueño sabía) y era tan ligera, que mi humedad era la misma que la del agua, que el aire, que la estancia. Era como si yo fuera de todo.
Mi corta vista panorámica, veía a una hermosa chica, que se presentaba frente a nosotros con una mirada dulce, un cuerpo frondoso y bello, era absurdamente perfecta. Portadora de una piel morena y unas piernas largas, entraba al agua con un atuendo blanco, que al mojarse dejaba su cuerpo a la mirada de todos nosotros. Terminaba por estar ahí, de pie a la orilla del lago.
Cuando digo todos, es porque había más que contar, una especie de guía espiritual, asiático, viejo y gordo estaba parado junto a la chica, a punto de revelarnos la clave de algo importante. Tomó a la chica de la cintura, de pronto la miramos como si fuera el objeto más preciado sobre la tierra, ella conocía perfecto lo que pasaba por nuestras mentes, y sabiéndose insoportablemente exquisita, aceptaba que no podía negarse a compartir su templo, casi me dan ganas de llorar. El guía le besó el corazón, era un tipo repugnante, pero lo hizo con tanta ternura que todos quedamos enfermos de júbilo, con mis brazos de humo me aproximé para enredarlos a mí.
El guía iba a decirnos cómo frenar el fin del mundo, yo debía nadar al otro lado del lago para aproximarle un libro, que seguro debió ser escondite de la llave que detendría el fin. Cada palabra que decía, explicándome qué debía hacer, se apagaba en mi interior, el final ya estaba ahí, aproximándose, oprimiendo el clima, volviendo nebuloso todo. Pero este final, este majestuoso final, era callado, era uno muy pacífico. Entonces pensé que no tenía sentido frenarlo porque era un final hermoso, porque todo terminaba en el agua, con mi nocuerpo flotando cerca de esa hermosa mujer, sintiendo alegría por estar rodeada de gente grata y dulce, tan dulce.

Ahora pienso, justo ahora, que quizá frenaríamos el final porque no lo merecemos, porque no merecemos tanta quietud, tanta melancolía, tanta ausencia de caos. Nuestro final será funesto, pero conservo la esperanza de que no pese, de que sea ligero, por lo mientras, soñarlo ha sido increíblemente bello.

lunes, 4 de abril de 2016

Hoy no escribo.


Me han dicho que ya no tengo pretextos para no escribir, que el ordenador ya funciona, le han hecho una limpieza porque cada que tecleaba, amenazaba con explotar. La cosa es que yo encuentro once pretextos para no escribir esta noche:

1) Nadie le ha hecho limpieza a mi cerebro, le hace falta porque ya hemos quemado el disco duro y comienza a trabajar lento y pesado, escribe cosas que no le dicto, le falta su buena actualización.
2)Hoy fui al gimnasio, y no tienen una idea de lo cansado que es saber que, a un mes, lo único que ganamos no fue condición, ganamos un kilo y una rodilla chingada.
3)Me muero de sueño, mi mente dormita en lagos y chicas preciosas y si pierdo mi valiosísimo tiempo de sueño, me despido de la posibilidad de alargar los miles de cortometrajes mentales pseudoeróticos sin chiste.
4) La verdad es que soy un gato, y no había querido compartirlo porque es de lo más ridículo confesar que las almohadillas en mis patas ocasionan muchas faltas de ortografía.
5) Mi mamá no me da permiso. Y aunque la mayor parte de las veces es en serio cuando lo digo, también lo ocupo para deshacerme de situaciones indeseables. Váyanse enterando.
6) Ni quiero, ni me gusta, ni me complace, ni me siento satisfecha y motivada cuando lo hago, y aparte ni me sale bien.
7) La verdad es que no sé escribir, el kínder al que fui era pirata y por más letreros que hubiera por la casa con el nombre de las cosas, ni sabía qué eran las letras.
8) Tengo mucha tarea, y cuando tengo mucha, no la hago, pero me preocupo. ¿eso puede ir en mi cardex?
9)  cuando es martes en la madrugada, las palabras no me salen de los dedos.
10)Traigo losojoscerrados,lagargantaatascadalosdedosentumidoslaespaldaarrancadaelpensamientorotolosentidoshastiados. Ah, y soy hipocondriaca.
11) Estoy comiendo mango, y cuando como mango, no conozco y me embarro los dedos, y pues no, no quiero ensuciar y pegajostear las frases con jugo de frutas


¿ven? No puedo escribir hoy, voy a perder el reto.

martes, 29 de marzo de 2016

Palabras.

Las palabras caen a cuentagotas, inconstantes y deprimidas. Hay días en los que sé perfecto qué decir, cómo decirlo y el momento justo para que letra a letra te rebote en las orejas, como si me tuvieras, ahí, lengüeteándote la consciencia.
Pero también hay días en los que todo lo dicho debe irse despacito y brincando a paso alegre directo a la basura, hoy es uno de esos días. Esos días en que la elocuencia se queda colgada en el closet porque no está lloviendo. Días como estos, nunca hay para ti.
Podría arrancarte las palabras a mordidas, directo de tu garganta. Meter la mano en tu boca, apretarte la lengua escurridiza y exprimir sobre mis dedos y mi pecho la sopa de letras (bien acomodadas letras) que tienes dentro.
Podría husmearte en los bolsillos del pantalón, por si hubiera alguna frase perdida entre las pelusas. Olisquearte las camisas como advertencia por si trajeras encima las palabruchas de alguien más, si acaso te las sacudiría.
Podría tenderme en tu cama a la espera de algún sueño-letrero que se hubiera impregnado en la almohada.

Sí, podría plagiarte el cuerpo en mis cuadernos, calcarte los cabellos y citarte las sonrisas, podría hacer un pastiche de tu boca con la mía, referencias de tus enojos y parafrasear el entusiasmo. Pero hoy no, hoy no se me ocurre nada.

viernes, 25 de marzo de 2016

El silencio.

Dice Wikipedia que el silencio es la ausencia total del sonido. Para mí el silencio es eso y también es que no me visites. El silencio es cuando me miras bailar y sonríes. Caminar en el sol. Subir esas escaleras. Mirar iglesias en las azoteas. Esperarte. Justo ahorita, dice mamá que es cuando no te dicen nada. Tu mano en mi cintura. Las vueltas en las cumbias. Leer en voz alta. Citar a Rocangliolo. Mirar películas que no entendemos. Leernos. Que me digas mentiras. No me mientas, Marie Claire. Quedarme sin voz. Besarte los hombros. Decirte no. Decirme no. Que me hagan llorar y revolcarme. Dolor. Ansiedad. Desayuno, comida y cena. Los interrogatorios. Discutir con los padres. El silencio es también esa falta de honestidad. Que me digas eso que te está molestando. Rezar. Yo, sin lentes. Bajarle a la radio. Que me tapes la boca. Ahogarnos de calor. Pensar mientras me baño. Leer los encabezados del “Metro”. Preparar té. Los paréntesis (con todo adentro). Los rosarios. La incomodidad. Mis celos, que son muchos y son constantes y son enormes. Pensar. Soñar que pierdo mi trabajo. Quedarle mal a la gente. Las inmensidades marítimas. Los medicamentos. Las pérdidas. La resignación. Mirar cómo bailan los que pueden. Correr en el mismo sitio. Lavar mi ropa los domingos. Tus desplantes. Saber que no vendrás. Mis frustraciones. Mirarla dormir. Mordidas. Lunares. La Luna loca y naranja. Las letras. El dolor de muelas. Los homicidios. Los cuartos rosas. Las calles anchas. Las noches calientes. Una canción de Shakira. Burlarnos de la gente. La burla ajena. La envidia. No, los chistes no, los chistes nunca. El dolor de un padre. Las procesiones. Las ventanas. Las ventanas abiertas. Dormir en sillones. Lavarme los dientes. Los reclamos. Que no me visites. Eso ya lo dijiste. Los espacios en blanco. Las expectativas. La realidad no existe. Extenderse mucho.

El punto aquí, después de tanto, es que deberías llamarme, cabrón.

jueves, 24 de marzo de 2016

Ego.

Hoy miraba mi cuerpo desde lejos, me topé ni más ni menos que conmigo en la calle. Es como encontrarse con tu estrella favorita, como reunirse con alguien a quien no ve uno en mucho tiempo. Se detuvo frente a mí, ambas atónitas, casi soltando una risita ahogada. Me abrazó antes de que yo estuviera segura de acercarme mucho, y me miró con ojos grandes, irreconocibles. De no estar segura que era yo, jamás me habría dejado sorprender.
Le pedí que me acompañara, sin palabras, porque ella yo yo ella ella nosotras, pues, las dos sabíamos que era necesario buscar la quietud de un sitio que respondiera a nuestro nombre, tanto como lo hacía una a la otra.
Ya que tuve frente a mí al que era mi cuerpo, el suyo, me dispuse a mirar cómo funciono, le pedí que me hablara para escuchar su voz, me miré caminar de un lado a otro de la habitación, revisé cada dedo, cada lunar, cada marca que no alcanzaba a conocer mi tercera dimensión. Por poquito y nos ponemos a llorar, por poquito y nos aceptamos como una, y discutíamos sobre lo necesario que era preservar ese saquito de piel y huesos y esa voz inquietante y loca que creo que tenemos.
La dejé mirarme por arriba, por debajo, vestida, en cueros, estirada y agachada. Eso se había vuelto alguna especie de ritual pactado, morboso y dulce. Para los pocos que de verdad me conocen, sabrán que fue una danza torpe e inocente, revisando cada dedo, cada cabello, cada puntito rojo, cada espinilla, despacito, cada cicatriz, recordando y repasando mentalmente para grabarlo todo, preparándonos bien porque era sabido que no teníamos mucho tiempo, que ese desdoblamiento se habría de terminar apenas saliéramos de esa habitación.
Recorrí con ansia loca cada centímetro mío con la mirada, con un solo dedo, para saber qué tanto de lo que uno escucha es real, qué tan suave se ven las manos, que aunque las ocupo, las estrecho y me estrecho, la estrecho y nos volvemos estrechas, a pesar de todo eso, uno nunca termina de saber qué somos hasta que setieneunolatengometengo aquí parada, aquí de frente, tan sonriente y calmada como yo. Porque era yo.

Creo que no estaba preparada para dejarla ir, pero con todo y todo y todo y las dudas y todo y las ganas y todo y las explosiones, tomé nuestras cosas y me salí de la estancia, y me fui casi corriendo como persiguiendo cosas y pensamientos y medidas y peso y longitudes y anchura, para que no se me escapara ningún detalle mío. Camino siempre por las mismas rutas porque creo que si hay suerte, me encuentro de nuevo.

martes, 22 de marzo de 2016

Ya no sabemos nada.

La Luna crece y crece, siento que me atosiga, que me roba tu atención. Ya no sabemos nada, ya no sabemos si cuando revuelves el café en tu taza, la miras fantaseando o me escuchas de a pocos. A veces creo que sí, que aún me escuchas, que son simples imaginaciones mías y mantengo tu mirada fijada a mis caderas, a la nada sobre mis hombros, que sigo siendo suficientemente capaz de atender a tus reclamos de infante.
Siempre pensé que era importante permanecer cerca de alguien que parece tener vida, hace un rato ya que hemos perdido la nuestra, no consigo concentrarme porque sé que ella está aquí, esperando a que un par de noches al mes seas suyo, a que entre almohadas y a hurtadillas te trepes al techo, y la contemples largo y tendido hasta quedarte dormido, ya no me hace gracia salir a buscarte para que vuelvas a la cama. Con esos días al mes te ha de bastar para rezar su nombre y olvidar el mío, sencillamente has dejado de decirlo, sin más explicaciones, ni siquiera un pretexto forzado para dejarme tranquila, para apaciguar la mente.
Ella, tan blanca, tan “voz quedita”, sínica.         Tiene los ojos grandes y la boca flaca, se encorva para que la veas, se regocija cuando crees tenerla en tus brazos, en los mismos brazos que afianzaban mi ansia, que no me dejaban retozar muy lejos.
Así como crees que es tuya, así otros veinte, cien, miles de ingenuos se la adjudican. Y ella, tan propia, tan modosa, se revuelca de gusto, ella, tan inalcanzable, tan alta y frondosa se burla y goza.

Mejor será que vuelvas a la cama, que cierres la maldita ventana, que me abraces, que me digas que estoy loca.

sábado, 11 de octubre de 2014

Interpretación.

Le dije que lo metiera todo, que no se detuviera ni un centímetro a pensarlo. Que era lo que más quería en ese momento. Quería romperme en dos, que mi cuerpo se quebrara de una buena vez por todas. Y lo hizo. Yo sentí un balazo en el pecho, como aquella vez que corrimos calles arriba y casi se me salía el corazón, algo por el estilo.
Parte de mí se quedaba en la habitación, el olor dulce del cabello, un silencio infinito después de mi último grito ahogado con todas las esperanzas de salir consiente. Lo empujó tantas veces como se lo permitieron sus fuerzas, tantas como le imploraban mis ganas.
Tan despacio y dulce al principio, como una balada sosa y larga; luego con tanta violencia y frenesí que casi me desmayo antes del final. Me parecieron larguísimos esos momentos, casi como si todo se fuera en esas prolongadas platicas para convencerlo de que debía saciar mi carne, de que estaba obligado a cumplir mis arrebatos.
Yo sabía que lo deseaba, que él también tenía ganas de dejarlo adentro, disfrutando de mi atormentada tibieza, de mi inestable sanidad. No tuvo jamás mejor funda para tan brillante herramienta.
Siempre pudimos cambiar de opinión, pero no se nos daba la gana, preferimos que fuese un cerderío inexplicable, la más grotesca de nuestras escenas, de tantas que tuvimos. Por primera vez nos mostramos fieles a la desnudez, al reflejo, al mordaz cansancio que nos atascaba los ojos.

Mi cuerpo jamás dio nada, era infértil y frío, él le dio vida con cada embestida, le dio movimiento a la carcasa de piel y huesos. Jamás vi tanto miedo en sus manos que me apretaban, me acariciaban,  me aventaban y me volvían a levantar. La fuerza de mis gestos, la tarde atrapándonos en un mojado festín de exquisita ternura, no estoy exagerando, no suelo mentir ya.

sábado, 28 de junio de 2014

De vuelta.

No sé cómo funciona, en qué consiste, cómo es que avanza gradualmente hasta atorarle el cuello. 

Me conoce de hace mucho, me conoce todo lo que debe conocerme, TODA. Pero no le digo nada, a mí me gusta mucho que me sepa leer, que recorra con la mente mi intimidad, que se enrede en mi enmarañada conciencia. ¿Cómo fue que lo tuvimos todo? Ni idea, así me gusta más, sin pensarlo tanto, sin repasarlo con la mente, mejor lo repaso con las manos, así sí me acomodo.
Cada que nos aparecemos es como si jamás nos hubiéramos ido, es como esa permanencia voluntaria que no nota la ausencia, que se restriega contra el muro, que se agarra de las letras, esa es la verdadera estancia, la que se detiene de la no añoranza, de la eternidad del fragmento.

Es primero compartir frases, hacerle reír, luego siguen los ojos, comérselo a miraditas, a distancias que se rompen en un pestañeo. Así como no queriendo, llegan los olores, nuestros cuerpos desprendiendo los vapores de la compatibilidad, palabras largas, largas como su nombre. Nos olisqueamos del pecho hasta el cuello, es recíproco, es importante. Las manos, las piernas, los rostros, las pieles, todo juega, todo se vale, no importa si así no se escribe, todo se vale, vestidos de locos.

¿Quién puede resistirse? No nosotros, nunca nosotros, dices que no, digo que sí, y brota todo aquello que queda suspendido. Así, sencillo, bonito.

lunes, 23 de junio de 2014

llueve...

llueve por la mañana, llueve en tu cumpleaños, llueve en la escuela y adentro de tu auto, llueve en tus zapatos, llueve en mis charcos, llueve bajo el árbol y llueve en tu calle, llueve de a brisita, llueve a cantaros, llueve tiernamente o llueve con gotas que pellizcan, llueve agua, llueves tú, me lluevo en ti, llovemos juntos, lloverá mañana, lloviendo como siempre, lloveremos siempre, siempre que tú quieras, lloviznan a lo lejos, llueven las noticias, y lloverá lo que siempre falta, mi lluvia y el beso atorado en la misma, lluvia mientras me deshago, lluvia a la hora de dormir, es lluvia mojada, lluvia predecible, lluvia rota, lluvia en los ojos, esa ya no es lluvia es llanto, llueve por donde estas, llueve donde voy, llueve el pensamiento, es eso no más.

domingo, 6 de marzo de 2011

La primer lluvia del año.

Mirando hacia arriba, silenciosos, pacientes y dispuestos a todo, ellas saben que aguardamos su estelar aparición, la mencionaban los vientos con mayúsculas en carteleras y la descubrimos nosotros al tachar los calendarios.
   Tú, curioso siempre, tan intensamente, y las nubes que desaparecen o amenazan con regalarme la primer lluvia del año, la he esperado mucho y he de suponer que tú también. Aquí, justo si te paras de este lado, vas a sentir la humedad del aire, la tormenta que se avecina, la tregua existente entre mis letras y el ambiente, no está de más recordarte que esa parte de la nube es la que causa la primera gota en tu nariz, la gota que cae en tu espalda y te causa escalofrío, la gota que moja tu zapato y rebota mortalmente con el asfalto y la gota que choca con mis lentes y causa la distorsión de tu imagen para mí.
   Amo las lluvias y el crujir del cielo, y el sonido de nosotros corriendo por las calles salpicando los charcos en paredes y la gente, el cabello chorreante y la ropa pegada al cuerpo a causa de tanta humedad... Si pudiera quedarme con estos momentos lo haría, si pudiera esa lluvia lavar lo que no quiero que se quede conmigo (hasta escurrir el suelo de manchas obscuras y  sombras resbalando como mugre sobre mis manos), si existiera la cámara perfecta para tomar por sorpresa a tanto paisaje distractor...

... Sí ya sé que ya se va, se va junto con la primer lluvia del año, sí esa que busco con gran desesperación, esa que humedece la cabeza de muchos, humedece mis ansias y humedece la espera, se van, sí que se van juntos, y el sonido de la lluvia amortigua las despedidas, y las nubes se van con ellos, las gotas repiqueteando en la conciencia me lo hacen saber, se me acaba el aire en suspiros que se pierden en los charcos de los árboles que dejan caer el agua que está de más...
Se van juntos y al final, lo de siempre, el final de una lluvia siempre y solamente es gris...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Soltarte

Suena sencillo, dejarte ir...
con todos esos aleteos novatos
y con esa cara de vitral..
¿crees que me animaré?
¿crees que lo lograré?
sabes que no,
y eso es lo que más disfrutas...

Dejar ir esos bordes limpios
y musicales que formaban tu boca,
dejar ir esas manos asfixiantes
los largos dedos que manoseaban
mi cabello hasta irritarlo.

Dejar ir los paseos coloquiales
que se limitaban siempre
a las mismas calles...
Candados, zapatos, carteles y películas
todo pasando por el filtro de la utilidad,
o todo eso corriendo al bote de basura.

Todo aquello que poseo
parece ser ajeno,
hay un lugar para escapar del tiempo,
me mantiene lejos
y ahí te quedas tu,
pero no vuelves conmigo...
y entonces sí que se vuelve sencillo
dejarte ir.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Marcha

Si eso es lo mejor,
accederé fácilmente lo sabes
no te atrasaré en el paso
no discutiré tus temas
y no te llamaré más.
Me contaste todo, y lo sé
me contaste misterios
me contaste paisajes
me contaste pájaros
me contaste personas
me contaste mundos
me contaste TU MUNDO.

Recordaré tu esencia
pero olvidaré lo demás
aligeraré la carga de la conciencia
así que si me ves y he olvidado
el rostro, los pies, los andares
y la piel, no debes reprochar
aquel débil inconveniente,
no debes reprochar que no
articule de nueva ocasión
tus andanzas y hazañas en mi entorno,
no debes reprochar a la
dócil niña que escuchó.

Dura pero sensata enseñanza
la acostumbras mas luego
quieres que siga sin voltear,
no la culparé por tropezar,
pero tampoco la ayudaré
a levantarse del suelo.

Me dijiste: "no dejes escapar
la memoria de mi rostro
o no me olvidarás jamás".

Marcha que el ocaso se acerca, marcha que no te esperarán, marcha marcha marcha marcha  o ella te recordará.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Mirador

Aún puedo sentir el viento que se agolpa en mis cabellos, los menean locamente por mi rostro hasta picarme los ojos.
Desde aquí se ve todo,puedo ver las torres y antenas en los edificios, puedo verte a ti como hace mucho no lo hacía, la claridad y la luz en éste, mi espacio, me deja al pendiente de tu rostro fascinante. Te has movido, y el momento sólo duró un instante, sólo como para guardarlo en la fotografía eterna de la memoria, luego de esto volverás a ser frágil y mortal como siempre lo fuiste.
Todo desde aquí luce pequeño y a la vez inmenso, la profundidad de un todo me absorbe mas no a mi curiosidad, es entonces cuando las preguntas rompen a borbotones desde mis dedos llenándote los ojos de palabras irreconocibles.
Disfruto hasta lo más hundido de mi ser para estallar con ésta, la más banal de mis vivencias.
Luego bajamos y yo dejo de explayar los sentidos y vuelvo a ser la niña, mientras tú regresas al papel de aquel que se desocupa de mi, que se le olvida que aún estoy confundida.









Por: KJV
Foto de: Ricardo Toriz

viernes, 15 de octubre de 2010

Hoy

Sí, hoy te vi, y como siempre: la risa, la música, la voz y tu pelo, la risa, la música, la voz, la risa, la música, la risa, risa, tu risa.....

Ya no me quejo, no como antes cuando tu presencia lograba que gritara furiosa, aunque muy por mis adentros (donde nadie pasaba, ni tú que tenias tantos y tantos privilegios).

Irónicamente, me enfurecías pero no dejaba que anduvieras muy lejos, no por laderas distintas a las mías. Aumentabas mi histeria, dominabas mi descontrol.

Pero hoy no, hoy te tenía tan cerca que era incomodo, que casi podía escuchar la música proveniente de tus oídos, tan cerca que podía notar que al hablar nuestros labios estaban rozando, te aborrecí tanto.

Pero hoy no, dejé que te acercaras, que invadieras ese espacio que se supone sólo era para mi deleite personal.

Hoy, te tuve así de cerca...


 Te aprovechaste, te dejé entrar y abusaste, no dije nada,  te dejé tomar de mí, te dejé manipularme, me quedé como espectadora mientras te encargabas de besar todo mi rostro: impulsivo, violento, loco y frenético, y a pesar de todo no me lastimaste y fuiste el encargado de hacerme sentir frágil.

Por: KJV

lunes, 27 de septiembre de 2010

Mi cuarto.

Vamos  pasa, lo tienes que conocer, si quieres puedes hurgar por debajo de la cama, o buscar lo perdido en mis cajones, en las cajas, en los cuadros y ventanas, no hay mucho por descubrir aquí. No hay mucho que no se haya visto ya, no hay nada que pueda esconder, ya no.
Te invito a la profundidad de los cobertores, que tantas noches de liviana comodidad me han proporcionado, escucha lo que mi almohada tiene que decir. Corre las cortinas, hay que dejar que entre la luz, que entre el tímido calor del día a pisotear mi piel con calma, dejemos que me lleve de regreso a esos tiempos en que aún no era yo, en que aún no había definido este cuarto ni tú en él.
Mira el ropero, los muebles y mi sillón dime si no son como yo, tiesos e inexpresivos. El olor a canela que a veces inunda este lugar, te enojas porque me gusta, te enojas porque este lugar es más propio que mi nombre, te enojas porque esto no es bello y sin embargo se te sientes más cómodo aquí que con tú sabes quién. Te enojas te irritas te molestas porque no hace frío, porque sabes que de aquí no saldrás jamás, porque nunca partirás a tiempo para retomar tu vida o lo que creíste que era, porque este lugar te enamora más que yo, porque no hay nada mejor... no mejor que mi cuarto.